|
Por Milena LLop
M.L. No es muy corriente que un médico convencional
profesionalmente dedicado a la psiquiatría y al psicoanálisis
combine su trabajo con la investigación sobre la
energía orgónica ...
C.F. Ante todo le diré que soy un científico
naturista, es decir, partidario de métodos no agresivos
en el tratamiento de las distintas patologías que
aquejan al ser humano. Y aunque empecé como médico
rural - me encanta la naturaleza- con el tiempo mis inquietudes
fueron aumentando y decidí estudiar las causas imperceptibles
del sufrimiento humano. Para lo que tenía dos opciones:
seguir el camino de la metafísica o de la ciencia.
Me decanté por la psiquiatría y posteriormente
por el psicoanálisis. Pero más tarde lo hice
también por la energía orgónica y la
medicina orgonómica, fruto natural de mi crecimiento
evolutivo. Porque fue el funcionalismo de las cosas lo que
hizo que variara mi enfoque de la profesión. En el
medio natural, cada árbol, cada planta, cada fruto
tiene su propia evolución: no crece de golpe. Y asumir
eso fue para mí como pasar de la ciencia a la conciencia,
algo que inevitablemente me llevó de vuelta a los
orígenes, a descubrir que mi sistema de supervivencia
depende de esa fuente de vida y que su vitalidad es también
la mía. Esa es una realidad que forma parte del código
genético de la propia raza humana y vivir de espaldas
a ella es eludir la responsabilidad y faltar a los principios
fundamentales que rige nuestra propia naturaleza.
M.L- Sin embargo, tengo entendido que hubo un momento en
el que usted se opuso frontalmente a la psiquiatría.
¿Qué fue lo que le llevó a ello?
C.F.- Es cierto que durante un período de mi
vida me hice anti-psiquiatra. No estaba de acuerdo
con el enfoque tradicional de esta especialidad. Pensaba
que, como médico, podría ayudar más
a la gente y conseguir mejores resultados con terapias menos
agresivas que mediante los tratamientos con electroshock
y los fármacos químicos. Mi actitud iba más
hacia el descubrimiento de la esencia del ser humano, de
lo que esconde en los repliegues de su alma y de lo que
le lleva a sufrir una situación de inestabilidad
mental, que a atajar con rapidez los síntomas de
una esquizofrenia o de una neurosis. Fue a partir de entonces
cuando empecé a interesarme por otras disciplinas:
la sociología, la psicología, la antropología,
la fenomenología,... hasta llegar a la orgonomía.
M.L.- ¿Cambió entonces el enfoque de sus terapias
como médico psicoanalista?
C.F.- Efectivamente. Después de pasar algunos
años estudiando en Londres en la Tavistock Clinic,
conocí a la Dra. Eva Reich. Fue mi terapeuta y resultó
ser la hija de Wilhelm Reich. Sus métodos terapéuticos
eran diferentes de los que hasta entonces había conocido.
Estaba acostumbrado a hacer terapia psicoanalítica
en el diván pero Eva me desnudó física
y emocionalmente y en unas pocas sesiones consiguió
ponerme frente a mí mismo y a mi propio sufrimiento.
Yo, hasta entonces, no me conocía. Descubrí
mi cuerpo, mis emociones y mi mente. No como algo separado
sino formando una unidad: la esencia superior o el núcleo
que mora en cada ser humano. Todo ello me pareció
extremadamente revelador y me interesé por las investigaciones
de su padre en el campo de la orgonomía. Fue entonces
cuando conecté con el Dr. Elsworth F. Baker.
M.L.- ¿Puede explicarme qué es la orgonomía?
C.F.- La orgonomía es el legado de W. Reich.
Su definición etimológica viene de las palabras
organismus y orgasmus. Reich descubrió que todo lo
que nos rodea está animado por la misma energía
vital, a la que él definió como orgón;
cualquier organismo vivo posee cierta cantidad de ella.
Pues bien, la orgonomía es la ciencia que estudia
el comportamiento de la energía de la Vida tanto
en el ser humano como en la Naturaleza.
M.L.- ¿Pero en qué consiste la Medicina Orgonómica
y cómo actúa?
C.F.- La Medicina Orgonómica estudia el comportamiento
de la energía orgónica en el ser humano. Me
explicaré: cualquier organismo que se encuentre en
un estado de desorganización vital, en el que sus
pulsaciones no son armónicas (tensión
carga - descarga - relajación), se halla en situación
de desequilibrio. El resultado es la anorgonia o la neurosis.
Tomemos como ejemplo a un animal unicelular: una ameba.
Si le damos estímulos nocivos, si lo atacamos, se
contrae y contrae hasta morir. En cambio, si le administramos
oxígeno le damos estímulos placenteros se
expande y se reproduce. De lo que cabe deducir que la expansión
y el placer son índices de salud al igual que la
contracción es signo de enfermedad. Cuando más
expansiva es la naturaleza de un ser humano más sano
es. De ahí que las pulsaciones vitales determinen
la capacidad de lucha del individuo por librar batalla a
la enfermedad. Por tanto, la salud es la pulsación
constante e universal del organismo, por lo que la labor
del médico orgonomista debería ser la de tratar
de restablecer la armonía de la energía vital
equilibrando cualquier posible alteración.
M.L.- Luego la energía orgónica no es sino
la energía vital de la que ya hablaban nuestros sabios
en la antigüedad...
C.F.- Ciertamente. Reich se interesó por el estudio
de las diferentes tradiciones científicas y encontró
que en Occidente se conocían los valores terapéuticos
de la energía vital, llamada según los lugares
de las más diversas maneras: de Prana, Chi o Energía
Cósmica o la Hormone de Aristóteles. Y desde
la acupuntura hasta la imposición de manos con el
Reiki o el Shiatsu son muchas las terapias que hallan el
origen de las enfermedades en la patología de la
expresión de la energía vital. También
Cristo sanaba a través de la Energía de la
Vida mediante la imposición de manos. La Homeopatía
o las Flores de Bach utilizan los principios activos de
las sustancias de la energía vital de las plantas.
En fin, todo eso forma parte de una tradición ancestral
que evoluciona a la par de la consciencia del ser humano.
Lo que Reich hizo fue aplicarlo al campo de la Medicina.
Reich descubriría que la energía orgónica
se expresa en la sexualidad, en los sentimientos y en todo
lo que está vivo por medio de impulsos. Gracias a
lo cual la técnica analítica del diván
evolucionó y empezó a utilizar terapias corporales
tales como enseñarle al paciente a respirar, a expresarse,
a liberarse de las tensiones y a movilizar las emociones
entendiendo que esa energía está relacionada,
no sólo con el organismo, sino con todo lo que nos
rodea: la atmósfera, las estaciones de año,
el crecimiento de las plantas, etc. Y para poder valorar
sus niveles creó aparatos de medición. Y no
sólo eso: también explicó la manera
de canalizar y acumular la energía. En suma, podríamos
decir que si Freud trató de entender cómo
la energía sexual (libido) modula la personalidad
humana, Reich fue más allá al entender que
la energía sexual orgonómica es universal
y cósmica.
M.L.- ¿Y por qué sus descubrimientos fueron
tan mal acogidos, incluso rechazados por la sociedad científica
americana de los años cincuenta? Porqué, de
hecho, fue acusado de fraude y encarcelado.
C.F.- Efectivamente, sus investigaciones no gozaron
ni del apoyo ni del reconocimiento de la comunidad científica
porque ésta no era consciente de la importancia de
sus descubrimientos. Y por ello fue expulsado del colectivo
médico muriendo en la cárcel en 1.957. Afortunadamente,
hoy día no se encierra a nadie por curar con Homeopatía
aunque sigue habiendo una gran incomprensión por
parte de los médicos en cuanto a la utilización
de métodos no convencionales.
M.L.- Dice usted que Reich creó unos aparatos que
permitían acumular y canalizar la energía
orgónica...
C.F.- Sí, principalmente el Acumulador de Energía
Orgónica, que es como una cabina hecha de capas alternativas
de materia orgánica e inorgánica que tiene
la particularidad de poder acumular en él la energía
vital de la Naturaleza para aprovecharla con fines terapéuticos.
Y le aseguro que no es algo que pertenezca al mundo de la
ciencia ficción, es una experiencia real y contrastada.
M.L.- ¿Y de qué forma se utiliza?
C.F.- Lo primero que debo decir es que el acumulador
sólo funciona en sitios no contaminados de energías
electromagnéticas producidas por el hombre, lejos
de fuentes artificiales de calor, fluorescentes, televisores,
ordenadores, aparatos de onda corta, rayos X, radares, etc.
Dicho esto, añadiré que lo que hace el acumulador
es almacenar la energía vital para que ésta
pueda luego ser absorbida por el paciente que se introduce
en él. En la clínica de Medicina Orgonómica
en Creixell disponemos de un acumulador bastante potente.
Su utilización es tan sencilla que el paciente se
hace cargo de su propia enfermedad y es responsable de su
terapia. Nosotros nos limitamos a introducirlo dentro del
acumulador, observar cómo se siente, lo que percibe
y cómo le afecta la terapia a todos los niveles médicos.
No es una experiencia pasiva en la cual el médico
es el único que controla la situación.
M.L.- ¿Se trata entonces de un distribuidor de la
energía vital?
C.F.- Es más que eso ya que aumenta la carga
energética. Obviamente, hay personas que necesitan
pasar más tiempo en el acumulador que otras. Por
ejemplo, tras un parto o una larga enfermedad.
M.L.- ¿Y qué clase de dolencias pueden tratarse
con el acumulador?
C.F.- Sea cual sea su patología, toda enfermedad
debilita el organismo. Por tanto, lo primero que hay que
lograr es aumentar el nivel energético del cuerpo.
Además, no se trata sólo de eliminar la afección
sino de entender su origen.
Por ejemplo, cuando llega una persona con una depresión
severa, el acumulador no le cura sino que le aumenta su
nivel energético y ello hace que las sesiones terapéuticas
sean mucho más provechosas. Porque lo realmente importante
es conseguir que el paciente tome consciencia del porqué
de la disminución de su energía durante el
proceso depresivo. Se trata de una autorregulación
en la que el médico y el paciente participan de forma
muy activa.
Tengo una paciente que sufre de un cáncer de mama
y que se sometió a varias sesiones en el Acumulador
(ORAC) y comprobamos que su organismo no aceptaba la carga
energética. Sufría lo que llamamos la
ansiedad de placer. Es decir, no toleraba la expansión
de su propio ser. Se encontraba en un estado de máxima
contracción. Su organismo, en plena oscuridad e invierno
emocional, rehuía el calor del sol y, por tanto,
de la esperanza y renovación de la vida. En este
caso la terapia debía enfocarse de otro modo. Al
cabo de varias sesiones con terapéutica orgonómica
en el diván esta persona se enfrentó gradualmente
a la tendencia autodestructiva de su organismo y, de este
modo, empezó a tolerar las sesiones en el Acumulador,
aumentó su fuerza vital y ahora es capaz de luchar
conscientemente contra su propia patología.
M.L.- ¿Cómo comprueba los resultados terapéuticos
del acumulador?
C.F.- En primer lugar, no trato al paciente parcialmente
sino desde la totalidad psicosomática. Sea cual sea
el motivo que le trae a mi consulta, siempre hago una exploración
física, psíquica y emocional. Me cuestiono
acerca de los aspectos de su vida, de su sexualidad, de
su estado emocional e, incluso, espiritual. Antes de llegar
al diagnóstico orgonómico hay que estudiar
toda una serie de factores. Después tomo una muestra
de su sangre y la analizo en vivo; es decir, antes de su
coagulación. Luego, con la ayuda de un microscopio
conectado a una pantalla de vídeo el paciente puede
seguir cada uno de los pasos del test y ver cuál
es su estado de salud a través de su sangre, participando
activamente en la terapia y no como un sujeto pasivo a manos
de su especialista.
Bueno, pues las investigaciones que hemos llevado a cabo
en el campo de la Medicina Orgonómica indican que
el aura de las hematies de una persona enferma presenta
una fluorescencia que va desde el amarillo al rojo pasando
por el naranja. Y también hemos observado que los
pacientes que han consumido drogas o se han sometido a intensas
radiaciones o a quimioterapia presentan un aura totalmente
deshilachada y el contorno de sus hematies es borroso, habiendo
una gran cantidad de biones T negros, con lo que la sangre
tiene muchas dificultades de revitalizarse. En cambio, en
las personas sanas el aura es limpia, pulsátil, y
los colores de la fluorescencia natural tienden a ir del
azul al índigo o violeta. Después del Test
Sanguíneo de Reich que así se lama este
análisis- la persona entra en el acumulador para
recibir las sesiones.
M.L.- ¿Y quien entra en el acumulador aprecia algún
cambio?
C.F.- Ciertamente, porque la carga orgónica produce
un aumento de temperatura corporal y modifica el campo energético,
reorganizando la energía del organismo. Este es un
hecho comprobado, ya que si se le practican pruebas clínicas
al paciente y otros análisis posteriores, se puede
ver cómo su sangre ha cambiado de color al tener
los hematies más capital energético, con lo
que son capaces de enfrentarse de manera mucho más
efectiva a los virus u otras patologías. Tenemos
múltiples casos de personas que se han curado gracias
a la terapia orgonómica.
M.L.- ¿Cree de veras que terminará siendo
mayoritariamente aceptada su visión de la medicina?.
C.F.- En estos momentos la ciencia médica tiene
dos caminos bien diferenciados. Por un lado, la tradición
mecanicista, donde se busca la solución de la enfermedad
en la patología de los genes, en el sistema inmunitario,
en el genoma humano... Por otro lado, a la enfermedad se
le da un valor moral, filosófico, espiritual, pero
hay una enorme proliferación de ideologías
o escuelas diferentes. Por ejemplo, hoy existen ya más
de trescientas técnicas diferentes de psicoterapia.
En suma, la medicina se va polarizando desde el mecanicismo
al misticismo. Por mi parte, pienso que la Nueva Medicina
ha de ser funcional, combinando armoniosamente las dos tendencias
y excluyendo visiones demagógicas. Debe ser una medicina
funcional.
M.L.- Parece usted muy crítico con las nuevas terapias.
C.F.- Lo soy. La persona tiene hoy a su alcance centenares
de terapias para curarse de su dolencia. Y si es un gran
avance deja de ser practico porque cada terapeuta se empeña
en afirmar que lo suyo es lo mejor. Llega un momento en
que es como ir al supermercado, donde uno compra la terapia
a su gusto y al mejor precio. Tengo un paciente que, decepcionado
de la medicina convencional, fue a visitar a un naturópata
y éste le recetó cerca de cuarenta pastillas
al día entre vitaminas, proteínas, levaduras,
oligoelementos, etc. Eso sí, todo muy natural...
pero producido en un laboratorio quimico- farmacéutico.
Porque se ha llegado al absurdo de cambiar los polifármacos,
la bioquímica, por compuestos llamados naturales
sin ninguna clase de control.
Creo que el futuro de la medicina radica en buscar la causa
profunda de la enfermedad y aplicar luego la terapia menos
agresiva y más natural para cada caso. Mi lema es
primun non nocere .Buscando el equilibrio. Porque
no podemos pensar en curar un cáncer sólo
con plegarias, ni combatirlo exclusivamente con terapias
agresivas que no sólo eliminan al agente destructor
sino también todo lo demás. Filipos de Cos
(siglo IV AC.) dijo que las enfermedades se curan con remedios
y no con discursos. Freud diría que las enfermedades
pueden curarse también con el discurso interno del
inconsciente. En cambio, el medico orgonomista enfoca la
enfermedad como una patología que sufre el ser en
su totalidad psicosomática. Las tres enfoques pueden
ser perfectamente complementarios.
M.L.- ¿Y cuál cree que es el futuro del psicoanálisis?
C.F.- El psicoanálisis está sufriendo
una transformación dejando de ser un tratamiento
exclusivo para personas a las que se les ha colgado la etiqueta
de neuróticas para pasar a ser una terapia
de autoconocimiento. Es decir, un medio para ayudar al ser
humano a evolucionar, a conocerse a sí mismo, recuperar
su capacidad, su potencial. Carl Jung decía que cuando
una situación interior no se hace consciente, acontece
en el exterior. Esa es la toma de consciencia a la
que se refiere el psicoanálisis moderno. La identificación
proyectiva no es un mecanismo puramente patológico
sino que encierra en sí mismo un potencial que debemos
tratar de descubrir.
M.L.- Sin embargo, la terapia psicoanalítica suele
crear una cierta dependencia médico-paciente...
C.F.- Un buen orgonomista debe enseñarle a su
paciente, desde la primera visita, a emanciparse de sus
problemas y de su médico: a ser independiente. Lo
que ocurre es que para ello necesita antes crear una ligazón
a partir de la cual la persona se abre, se sincera, se va
conociendo más a sí misma. Es un proceso lento.
Además, el paciente suele tener una tendencia pasiva
frente a la terapia y prefiere depender de los medicamentos
y de su médico. Es reacio a descubrir por sí
mismo su propio potencial energético. Pero una vez
les ha ayudado a movilizar su energía emocional se
convierte en una persona autorregulada y buscará
los mecanismos apropiados para desarrollar las facetas más
positivas de su personalidad a través del contacto
con la naturaleza, la suya propia y la del ecosistema.
A fin de cuentas, la salud depende siempre de nosotros mismos,
de alcanzar esa tan deseada armonía, de ser capaces
de reencontrar el sentido profundo de la existencia en cada
una de las formas de vida que nos rodean, desde lo infinitamente
pequeño a lo infinitamente grande, sin excluir nada
ni a nadie.
|